10 Recomendaciones para mejorar el Indagar

Indagar de modo eficaz es el compañero esencial del Proponer adecuadamente. La indagación eficaz que despliega un gran líder va más allá de saber qué preguntas hay que hacer o de aprender a hacerlas bien.

Indagar es modo de involucrar, comprometer y motivar al otro. De aprender más sobre los demás. Un modo de estar presente con uno mismo y con ellos. Prestar atención de verdad y mostrar curiosidad genuina son los fundamentos de una indagación eficaz. Y deben ir de mano con la voluntad de escuchar realmente al otro.

El asombro ante el descubrimiento del mundo del otro es inversamente proporcional a la tentación de darse importancia uno mismo. Indagar es profundizar en el necesario olvido de sí.

A continuación, te muestro 10 recomendaciones para mejorar tu competencia conversacional al indagar en las propuestas de los demás.

  1. Conduce con respeto a que los otros compartan sus suposiciones y los datos que les llevan a ellas. Por ejemplo: ‘¿Qué te lleva a concluir eso? o ¿Qué datos apoyan eso? o ¿Qué te hace decir eso?’
  2. Explica por qué estás indagando, y muestra tus suposiciones, sesgos, inquietudes o preocupaciones.
  3. Enfoca siempre tu indagación en aprender y aportar valor. Evita que tu intención se desvíe hacia el probar que estás en lo cierto, o que el otro está equivocado. Ocurre así con mucha frecuencia.
  4. Utiliza un lenguaje ‘no agresivo’, sobre todo con personas que no están familiarizadas con estas habilidades. Pregunta de un modo que no provoque que los demás se pongan a la defensiva. Por ejemplo: ‘En vez de preguntar ¿qué quieres decir? o ¿En qué te basas?, se puede preguntar ¿Podrías ayudarme a comprender tu razonamiento sobre ello?’
  5. No temas el prolongar las explicaciones sobre el razonamiento o las conclusiones de los demás. Explora todo lo que puedas el porqué de lo que dicen los demás. Por ejemplo: ‘¿Cuál es el sentido de ello? ¿Cómo conecta esto con tus otras inquietudes? ¿A dónde te lleva este razonamiento? ¿Qué sigue?
  6. Explica o comparte los motivos de tu indagación. Entre estos siempre estará el entender mejor el punto de vista de los demás, el escuchar de veras abierto a comprenderles, más allá de tus perspectivas. Pero también puedes compartir los motivos específicos. Por ejemplo: ‘Te pregunto sobre tus suposiciones en esto porque…’
  7. Chequea lo que quieren decir ampliando el contexto de su razonamiento. Por ejemplo: ‘¿Cómo afectaría tu propuesta…? ¿Es eso igual o similar a…? ¿Podrías compartir un ejemplo sobre cómo sería?
  8. Valida o confirma que has entendido lo que ellos han dicho. Por ejemplo: ‘¿Lo que quieres decir es…? o Déjame ver si te he entendido bien…’
  9. Muéstrate curioso y escucha la nueva interpretación que puede estar emergiendo en el diálogo. No te enfoques en rebatir o invalidar el argumento del otro, ni en empujar tu propia agenda.
  10. No indagues, no hagas preguntas, a no ser que estés genuinamente interesado en la respuesta del otro.

Equilibrar el Proponer con el Indagar

Cuando se combinan el proponer y el indagar, su poder se multiplica. Si solo propones no serás consciente de las potenciales fallas en tu modo de pensar. Tampoco sabrás lo que de veras piensan los demás. Si solo propones puedes estar frenando el descubrimiento de la mejor propuesta, del mejor curso de acción.

Cuando solo indagas, no estás contribuyendo con tus propuestas que podrían fortalecer una buena vía de acción o cambiar el curso de una conversación. Si no propones abiertamente, no sometes tus pensamientos, tus juicios, a mejora. O peor, puede que utilices la indagación para llevar la conversación por donde te interesa, lo que se aproxima a la manipulación y, de hacerlo regularmente, podrías generar recelo y desconfianza.

De nuevo, de todo esto que escribo prueba aquello que crees que pueda servirte, que te genere curiosidad. Mi promesa es que si practicas, no solo mejorarás tus conversaciones; a medio plazo esta práctica cambiará quién eres, a mejor, por supuesto.

Cuídate, P.