4 recomendaciones para gestionar tu ira

Hace algo más de un mes empecé un proceso de coaching con un director general de una gran empresa con varios miles de empleados. Al recibir los resultados de su informe de feedback 360 hemos confirmado el impacto negativo que sus frecuentes explosiones de ira tienen sobre su entorno. Y digo confirmado porque a través de los contactos previos ya pude percibir que este sería uno de los temas importantes del trabajo con él.

Argumenta que se frustra con cierta frecuencia cuando las cosas no salen como espera. Una parte de él sigue creyendo que su reacción tampoco es para tanto y que a veces la ira le ayuda a que las cosas se hagan. Pero también tiene otra parte que es muy consciente de que este comportamiento ha tenido y tiene consecuencias negativas a su alrededor que desea evitar. Está convencido de que debe mejorar.

Casos como este son muy frecuentes en la alta dirección de las empresas. Sin duda, el desarrollo del liderazgo es un viaje emocional. Y dominar la gestión de la ira es uno de los hitos relevantes de ese viaje.

La ira es una emoción natural.

La ira no es negativa per se. Es una emoción natural. La clave está en una frase atribuida a Aristóteles que adapto así: “Cualquiera puede enfadarse. Eso es muy fácil. Lo difícil es enfadarse con la persona adecuada, en el grado justo, en el momento oportuno, del modo más conveniente y con la intención clara y acertada”.

La ira es una de las primeras emociones que expresamos (observa un recién nacido con hambre) y es una de las más incómodas de gestionar cuando somos adultos. Negarla o reprimirla no funciona, así que todo buen líder debe aprender a gestionarla.

¿Cuáles son algunas de las recomendaciones que trabajo con mis clientes para gestionar mejor su ira? Aquí van solo cuatro para que la entrada no sea muy larga.

1. Reconoce y siente tu ira.

Son muchos los que han aprendido a reprimir la ira. Son los que en vez de gestionarla pretenden controlarla. Los buenos líderes saben que eso no funciona. Nunca la niegues ni culpes a otros por sentirla.

Reprimir la ira puede desencadenar problemas de salud, desde dolores crónicos de espalda a problemas de corazón, presión arterial elevada, dolores de cabeza, estrés o depresión.

También es energía desperdiciada. Reprimir la ira es como sostener un balón inflable de playa debajo del agua. Requiere mucha energía y es una actividad inútil. Y tu energía, como sabes, es el bien más precioso que tienes, no tu tiempo.

Con la práctica, sentir tu ira es fácil y natural. Como todas las emociones se expresa a través de sensaciones corporales. En el momento que sientas ira, rabia o frustración, desvía tu atención de quién o qué crees que te la hace sentir y llévala a tu cuerpo.

Respira con mayor profundidad, muévete un poco y deja que la ira tome tu cuerpo, dale la bienvenida. Ello no te llevará más de 1 ó 2 minutos. Sin embargo, la ira reprimida te puede dañar durante años.

2. Conócete mejor.

Indaga de dónde viene tu ira. Conócela. Revisa tu historia personal y busca experiencias y situaciones que han podido configurar esa mayor sensibilidad tuya a sentirte frustrado, enfadado o rabioso. Ello te permitirá configurar una biografía de ese rasgo de tu carácter, que es el primer paso para cambiarlo, para mejorarlo, asignando quizá un significado diferente a esos eventos o experiencias que influyeron en la definición de tu carácter.

Chequea también qué energía te mueve principalmente en la relación con los demás. ¿Es una energía de control, donde de modo más o menos consciente tienes la expectativa de que las cosas sean como tú deseas, incluso aquellas que no depende de ti? ¿O es una energía de servicio, donde estás más conectado con tu contribución personal, con tu propósito, y desde ahí con un sano desapego tratas de servir a los demás, sean clientes, colegas, miembros de tu equipo o de tu familia? Te recomiendo que sobre esto leas mi entrada sobre el Triángulo de la Armonía.

3. Expresa la ira; no la ocultes.

Muchos líderes han aprendido que no deben expresar su ira. No solo tiene consecuencias similares a reprimirla, sino que además es inútil porque no engañarás a nadie.

Los seres humanos funcionamos como animales que van en manada. Desde hace miles de años hemos aprendido a sentir cómo se sienten otros miembros de la manada, sobre todo si son los líderes. Ello ha sido clave para nuestra supervivencia. Así que cuando te sientas frustrado, enfadado o iracundo, las personas que te rodean lo sabrán con independencia de lo que te esfuerces por ocultarlo.

Los buenos líderes aprenden a expresar esos sentimientos. Y lo hacen de un modo sano y directo, sin agresividad y sin crear un ambiente tóxico. Los buenos líderes dicen simple y llanamente “me siento frustrado y enfadado con esta situación”. Nunca dicen “estoy frustrado y enfadado porque no has hecho lo que te dije” o “estoy decepcionado y frustrado porque no hemos alcanzado el presupuesto”.

Una observación importante: una de las peores expresiones de ira y frustración es su modo pasivo-agresivo.

4. Aprende de tu ira. No desperdicies la oportunidad.

Los líderes mediocres cuando sienten frustración e ira se enredan en discusiones sin fin alimentadas por la culpa y el ego, tratando de mostrar que tienen razones para sentirse como se sienten. Los buenos líderes saben que eso no solo es energía desperdiciada, sino que destruye la confianza y genera resentimiento en los demás.

Los buenos líderes, en vez de culpar a otros, aprenden de su ira y se convierten en mejores líderes. Una vez han sentido la emoción, la han hecho propia y han conseguido compartirla, se preguntan por cuál es el propósito de esa frustración o ira y qué puede enseñarles.

La ira puede ser una invitación a definir mejor un límite, a dejar de hacer algo que ya no sirve o a empezar a hacer algo diferente, a cambiar de dirección, afrontar algo, quizá una conversación, que no se está afrontando. Quizá requiera decir no a algo o alguien.

Es cierto que solo lleva un instante aprender una cosa y toda una vida dominarla. El carácter iracundo se puede cambiar. Si empiezas a cambiar tu relación con la ira, el enfado o la frustración, puedes obtener buenos resultados enseguida.

El principal problema es cuando no se reconoce, o cuando algún líder hasta se siente complacido y orgulloso de ese rasgo de su carácter y cree incluso que funciona mejor así. He visto a mucho líderes pensar así o algo parecido y se trata de un sinsentido (narcisista). Él debe ser la única persona en el mundo que piense eso.

Cualquier mejora debe empezar por la humildad para aceptar que uno es así y por la valentía de querer hacer algo para cambiar.

Cuídate, P.

En esta serie, ver también:
5 pasos para gestionar la ira de los demás
La ira en el Estoicismo