Cómo mejorar tu liderazgo desarrollando la vulnerabilidad

Vulnerabilidad es según la RAE la cualidad de ser vulnerable. Y vulnerable es ‘que puede ser herido o recibir lesión, física o moral’. Sin duda, este es el sentido tradicional que damos a la vulnerabilidad: ser susceptible de ser herido, dañado; estar abierto a ataques morales, críticas, etc. No me extraña que la mayor parte de personas, y más en el contexto profesional, eviten la vulnerabilidad a toda costa.

Sin embargo, descubrimientos relativamente recientes en liderazgo muestran cómo estas creencias alrededor de la vulnerabilidad son no solo obsoletas y erróneas sino también ineficaces y dañinas. Con la importancia que tienen hoy las relaciones humanas en las organizaciones, así como el generar auténtico compromiso en las personas, la clave está en la capacidad de los líderes para conectar con los demás, para ser confiables, mostrar empatía y consideración por ellos.

El liderazgo autocrático, con trato áspero, distante, impersonal e invulnerable está generando auténticos estragos en las relaciones profesionales, en el compromiso de las personas, en su satisfacción y motivación. En mi caso, llevo más de una década trabajando con brillantes profesionales, que también son percibidos como fríos e impenetrables, y que desean y que desean aprender a conectar mejor, con más humildad y más vulnerabilidad. 

Aunque reconozco que las personas que eligen ese camino siguen siendo una minoría. Son personas que de algún modo se han dado cuenta de sus limitaciones y desean hacer algo para poner remedio. Y siguen siendo una minoría porque de todas las habilidades relacionales, la vulnerabilidad es la que genera más problemas para ser comprendida, la que estimula más resistencias.

El error con la vulnerabilidad

Todos tenemos experiencias negativas pasadas, tanto propias como de otros a los que conocemos, relacionadas con la vulnerabilidad. Eso hace que de modo natural hagamos todo lo posible por evitar cualquier situación de vulnerabilidad. Los líderes piensan que esas situaciones pueden poner en riesgo su reputación, dar lugar a que se cuestione su competencia, su carácter; sienten que se devalúa su valor en la organización y, en definitiva, se avergüenzan.

Así lo afirma Emma Seppälä en su artículo de HBR, What Bosses Gain by being Vulnerable. Argumenta que la vulnerabilidad tiende a ser vista por los líderes más tradicionales como una debilidad que puede mostrar inseguridad, incompetencia, ineficacia y parecer demasiado blandos.

Sin embargo, hay una nueva generación de buenos líderes que han aprendido que muchas de las situaciones empresariales donde uno puede sentirse vulnerable no implican asumir debilidad alguna, sino más bien mostrar el lado humano de cualquier persona. Todos cometemos errores, y hay que ser alguien capaz y con confianza en uno mismo para estar dispuesto a reconocerlos.

Expresar la necesidad de ayuda frente a un reto o estar dispuesto a reconocer un error o el no saber algo, refleja una fuerza interior, una sólida autoestima, donde tu valía percibida no depende de la aprobación de los demás, sino de la confianza en uno mismo. Es, además, una fuente de inspiración que estimula la confianza de los demás en uno.

La cara positiva de la vulnerabilidad

Cuando un líder admite sus errores y muestra que quiere aprender de ellos, se minimizan los aspectos negativos de la vulnerabilidad. Los demás lo ven como un ejemplo de responsabilidad y transparencia. Estos son rasgos admirables que muestran madurez emocional. Los empleados quieren líderes que puedan relacionarse con ellos y que se comporten más como ‘personas normales’.

La capacidad para conectar a un nivel más humano, más personal, es la competencia clave para generar confianza y compromiso contigo como líder. Admitir estar equivocado y disculparse por ello promueve un entorno de honestidad, integridad, autenticidad y confianza que permite que la gente se arriesgue y consiga resultados extraordinarios.

Promover relaciones más profundas saca lo mejor de las personas, su mejor actitud y beneficia la productividad y la sostenibilidad de los proyectos empresariales. Como señala Seppälä, cuando los empleados ven a su líder como genuino y voluntariamente vulnerable, se sienten bien al respecto y responden favorablemente con admiración y respeto.

Las pretensiones de superioridad o infalibilidad, que son errores de vulnerabilidad de la vieja escuela, a menudo funcionan en contra de un líder, causando relaciones dañadas, resentimiento y desunión en los equipos.

Un líder que está dispuesto a ser abierto y vulnerable muestra coraje.

Muestra también que quiere aprender y que valora lo que los demás saben y aportan. Sus ganas de mejorar son contagiosas y estimula la participación de todos. Prioriza la unidad y la eficacia del equipo por encima de su imagen personal. Son líderes inspiradores a los que las personas siguen con admiración y respeto. ¿Quién no quiere trabajar para alguien así?

Cómo desarrollar la vulnerabilidad

Requiere tiempo y esfuerzo desarrollar la vulnerabilidad. Después de todo, como apuntamos arriba, es contraria a nuestra naturaleza humana que nos lleva a protegernos y defendernos.

Cuando en 2016 decidimos crecer en AddVenture, pasando de 4 a las 12 personas que somos ahora, una de las motivaciones más importantes que nos empujó a ello fue el crear un entorno donde incrementar nuestra capacidad para ser más vulnerables. Debíamos probar en nosotros las prácticas de liderazgo más avanzadas, entre las que destaca desarrollar nuestra vulnerabilidad. Solo así podíamos ser eficaces promoviendo esa misma vulnerabilidad cuando nuestros clientes nos lo requirieran.

También hemos aprendido en estos años, trabajando con cientos de líderes, que la vulnerabilidad es mostrada por muchas personas de modo desafortunado. Hay un gran número de líderes invulnerables pero muy inteligentes que se dan cuenta de la relevancia que la vulnerabilidad aporta para ser mejor líder, pero que tratan de impostarla.

Esta falsa vulnerabilidad, mostrada para llamar la atención e impresionar a los demás, para ganar su favor, es dañina para todos. Por ejemplo, ser irónicamente crítico de uno mismo con sentido del humor puede ser eficaz en algunas ocasiones, pero cuando se hace demasiadas veces no solo cansa, sino que pierde veracidad. Deja de ser auténtico.

Reconocer los propios errores, sin aspavientos, es la forma más efectiva de mostrar vulnerabilidad.

Hacerlo de un modo humilde es muy efectivo. Pedir perdón a alguien y mostrar el compromiso firme de no volver a cometer ese error es otro modo de obtener grandes beneficios de la vulnerabilidad. Mostrar las suposiciones que te hacen opinar algo, estando abierto a cambiar de opinión es otro modo de abrirte a los demás.

Mostrar el deseo de restablecer una relación y tomar la iniciativa es un comportamiento honorable que genera confianza, respeto y admiración. También ofrecer perdón a alguien que te ha ofendido; no significa que seas débil. Al contrario, muestra que estás por encima de esa discordia y que eres lo suficientemente fuerte para enfrentar su reparación.

En ocasiones, algunos clientes me han transmitido que se resisten a poner en práctica alguno de estos comportamientos porque no quieren que los demás se aprovechen de ellos o parecer demasiado blandos y sin carácter. A todos les digo que entendiendo bien su postura (en ocasiones también lo pienso yo) pero que el mostrar vulnerabilidad genuina les puede mostrar que ello no es así.

Se necesita mucho valor, una gran generosidad y carácter para seguir este camino, pero es un viaje que puede mejorar tu liderazgo más que cualquier otra dimensión.

Cuídate, P.