El liderazgo de Nelson Mandela en Invictus

Invictus-395036631-large ¡Qué gran película firmó en 2009 el gran Clint Eastwood con Invictus! ¡Y qué gran papel el de Morgan Freeman! (¡y qué gran apellido para un actor de raza negra!). ¡Qué gran lección de liderazgo toda ella!

He tenido la oportunidad de volver a ver esta gran obra de arte, una de las mejores películas sobre liderazgo, con dos líderes inmensos. Por un lado, por supuesto, Nelson Mandela (Freeman), bien secundado en el liderazgo por el capitán de los Springboks, François Pienaar (Matt Damon).

Si no has visto la película, te recomiendo encarecidamente que no dejes de verla. Y después vuelve y revisa conmigo los momentos cumbre de liderazgo con los que yo me he vuelto a emocionar, quizá incluso más que la primera vez que la vi. Si eres un líder o te dedicas al desarrollo de líderes (ambas cosas perfectamente compatibles), no dejes de verla por lo menos una vez al año.

El primer momento cumbre de liderazgo es cuando Mandela llega a la oficina en su primer día como presidente. Los blancos están recogiendo sus cosas ante un despido que prevén inminente. Mandela reúne a la plantilla para transmitirles sus expectativas sobre ellos. Todos pensaban que echaría a todos los afrikáners (los blancos) para sustituirlos por los suyos (los negros). Sin embargo les saluda a todos con entusiasmo y exquisitos modales, deja a sus guardaespaldas fuera de la reunión para ser más cercano y mostrar respeto, les habla con humildad y le transmite a los blancos que hasta entonces trabajaban para el anterior presidente que son bienvenidos si deciden quedarse durante su mandato. El lenguaje no verbal de Freeman es realmente brillante en esta escena. Sus palabras no lo son menos.

El segundo momento es cuando su jefe de seguridad le pide más guardaespaldas y Mandela le envía a los afrikáners que estaban al servicio de De Klerk, el anterior presidente de Sudáfrica. Linga, el jefe de seguridad, le dice a Madiba (así es como llama a Mandela) que no se pueden confiar en esos hombres que hasta hace poco les perseguían, encarcelaban, torturaban y asesinaban. Y Mandela le contesta que la reconciliación y la unión empieza ahí, en su equipo más estrecho. Su equipo de seguridad tendrá hombres blancos y negros. Ver durante la película cómo se va construyendo la confianza y el respeto entre estos hombre duros y curtidos es una delicia.

El tercer momento es cuando Mandela interrumpe su agenda y de modo precipitado se presenta en la reunión del ‘Consejo Nacional de Deportes’ para persuadirles de que cambien el voto unánime por el que acababan de aprobar el cambio del nombre del equipo nacional de rugby (Springboks), su uniforme y su emblema. Hasta ese año, 1995, el rugby en Sudáfrica era el deporte de la opresora minoría blanca, despreciado y hasta odiado por los negros. Pues Mandela les convence para que sigan los Springboks, para que sean uno de los símbolos de la reconciliación y no de la venganza de unos contra otros. El discurso de Mandela, en una intervención arriesgada y osada, demuestra una valentía, una integridad y una altura de miras como ser humano inigualable. Elige, en solitario, hacer lo difícil y correcto en vez de lo fácil y erróneo.

El cuarto ‘momentazo’ de liderazgo es precisamente cuando se encuentran personalmente los dos líderes de la película. Cuando Mandela invita a Pienaar a tomar te. Empieza la escena con Mandela desplegando su carismática capacidad para conectar con afecto y humildad con la señora que les lleva el te al despacho y él personalmente, atento y servicial, se lo sirve a Pienaar, que no sale de su asombro. Y ahí hablan sobre la filosofía del liderazgo de Pienaar, sobre liderar con el ejemplo y con integridad, y Mandela le anima, impulsa e inspira para que lleve a sus compañeros de equipo a un desempeño más allá de sus expectativas. Pienaar sale de la reunión en estado de shock por el pedazo de líder que acaba de conocer. Más allá de la historia de la película su relación personal en la vida real fue excelente hasta el fallecimiento de Mandela, quien era padrino de uno de los hijos de Pienaar.

El quinto momento sublime llega cuando los Springboks reciben una ‘orden desde arriba del todo’ para que empiecen a realizar como unos entrenamientos o clinics por todo el país, mezclándose sobre todo con la mayoría negra que hasta ahora los despreciaban. La primera reacción del equipo es la de protestar, alegando que no tienen tiempo para ello, que no son un circo. Pero a estas alturas Pienaar ya está inevitablemente alineado con Mandela y les dice que ellos son más que el equipo nacional de rugby y que deben comprometerse y cambiar. Emocionante cuando se mezclan con los chicos negros de una zona deprimida.

El sexto momento de liderazgo se da cuando Mandela interrumpe su apretadísima agenda para ir a visitar personalmente a los Springboks durante uno de los entrenamientos previos al mundial de rugby. Tras saludar a Pienaar, este se ofrece a presentarle a los muchachos, pero Mandela obvia su ofrecimiento y los saluda personalmente llamándoles a todos por su nombre. Es una señal de respeto y aprecio enorme que no deja indiferente a nadie. Y ellos le corresponden regalándole una gorra.

Y un séptimo momento de liderazgo, de Pienaar en este caso, es cómo gestiona con su equipo el que se aprendan el nuevo himno de Sudáfrica, al que de inicio muchos de ellos rechazan. De nuevo los lidera desde el ejemplo e imbuye en ellos el respeto hacia los símbolos de la nueva Sudáfrica y a su papel como responsables de algo más grande de cualquier gesta deportiva, como símbolo de la nueva nación reconciliada. Cómo me resuena ese encuentro en el vestuario con muchos momentos en comités de dirección de los que he sido miembro o asesor.

Estos son mis siete destacados. Quizá tú, apreciado lector, puedes destacar algunos más. Me encantaría conocerlos.

No tiene desperdicio tampoco la visita de los Springboks a Rhode Island, con un Pienaar introspectivo reviviendo los años de reclusión y trabajos forzados de Mandela. Ni cuando antes de empezar la final del mundial entre los Springboks y los temibles All Blacks de Nueva Zelanda, Mandela sale al campo con la gorra que le regalaron los Springboks y con la sudadera del equipo con el número 6 de Pienaar a la espalda y todo el estadio aclamándole. ¡Definitivamente, para el equipo en ese momento Mandela es un jugador más; uno enorme!

Toda la película es una excelente lección magistral de liderazgo, el de un hombre normal, humilde, sencillo, con dificultades y frustraciones en su entorno familiar, que supo dirigir con valentía, determinación, generosidad, compasión y amplitud de miras la complicadísima y endiablada reconciliación de todos los sudafricanos tras el fin del apartheid. Creo que debería ser de visión obligada, con posterior debate y reflexión compartida en todos los centros de educación secundaria.

¿Cómo consiguió Mandela esa transformación personal? Él no era así ni de lejos cuando a principio de los 60 dirigía el CNA (Congreso Nacional Africano). Esta es una gran pregunta, que va a la esencia de lo que es el desarrollo del liderazgo y de los procesos de coaching ejecutivo. Esta pregunta y sus respuestas son tan apasionantes o incluso más que la propia película… y lo dejamos para otra ocasión. De momento, ¡no te pierdas la película!

Sé feliz, P.