Fondo de armario del líder: puntualidad, fiabilidad y positividad

Hay 3 hábitos que están en la base de lo que es un buen líder, un líder consciente. Son costumbres que constituyen una plataforma excelente para mejorar tus relaciones, tanto dentro del trabajo como fuera. Te llevan de modo natural a desarrollar otras cualidades relacionales o de influencia clave. Son, en definitiva, hábitos que te convierten en mejor persona y que te harán sentirte mejor. Los podemos considerar como el ‘fondo de armario’ para el líder. Si quieres mejorar en algo concreto, práctico y que añada valor, no lo dudes. Enfócate en este fondo de armario.

Puntualidad

El tiempo es una forma importante de relacionarte con los demás. Tanto si eres un obsesionado de la puntualidad como si siempre apuras hasta el último minuto, tienes una relación disfuncional con el tiempo, con la puntualidad.

Si sueles llegar tarde, lo que transmites a los demás es que tu tiempo es más importante que el suyo, y que, por tanto, tú eres más importante que ellos.

Todos comprenden que un alto directivo tiene más obligaciones profesionales que los miembros de su equipo y que, de vez en cuando, tenga razones legitimas para hacer esperar a los demás. Pero algunos directivos no se esfuerzan casi nunca en ser puntuales. Los hay incluso que les gusta eso de llegar tarde y hacer una especie de aparición estelar. Y lo que es peor, ni siquiera se disculpan por ello.

Quizá eso funcione con políticos o artistas. El tener gente esperándoles, casi coreando su nombre. No estoy seguro. Pero lo que sí sé, lo que tengo comprobado desde hace décadas, es que no funciona en el ámbito de la empresa. En la mayoría de los casos, el directivo que se comporte así solo conseguirá enfadar a sus colaboradores, perder su respeto y su confianza.

Tu equipo y otros empleados ya saben que eres el jefe y que tienes poder y responsabilidades. No hace falta que se lo hagas saber de este modo, sin una buena razón o sin disculparte de forma sincera.

También hay directivos que utilizan la puntualidad para castigar o controlar a sus colaboradores. Son personas obsesivas y compulsivamente puntuales para así poder empezar a descalificar a los demás y mostrar su perfeccionismo.

Conocí a un directivo que disfrutaba convocando sin previo aviso porque veía cómo los miembros de su equipo debían arreglárselas, interrumpiendo o cancelando otras cosas.

El mensaje en este punto es que reflexiones con honestidad y valentía para ver si utilizas el tiempo para ejercer poder y control sobre los demás. Mi recomendación es que, si es así, dejes de hacerlo cuanto antes.

Fiabilidad

Se trata de corresponder a la gente haciendo aquello que dijiste que harías. Ya escribí sobre ello en esta entrada sobre la ecuación de la confianza. Y en esta otra entrada daba más recomendaciones sobre cómo mejorar tu fiabilidad.

En el caso de un directivo, es fundamental cumplir con su palabra, manteniendo a la gente informada mientras se trabaja en cumplir lo prometido. De este modo, hay que informar también lo antes posible cuando ello no sea posible, explicando por qué no lo es, qué ha ocurrido que impide cumplir esa promesa o compromiso.

Ya se trate de una promoción que prometas, de una iniciativa que te comprometes a apoyar, o del respaldo económico a un proyecto, la gente te tomará la palabra. Todos llevamos dentro al niño que en ocasiones querría gritar: ‘¡Me lo habías prometido!’ Si no cumples tu palabra, o no das explicaciones de por qué no la puedes cumplir, generarás decepción, frustración, pérdida de respeto y de confianza en ti.

Positividad

Se trata de evitar el negativismo, tanto de palabra como por la acción. Estamos diseñados más para ver lo que falta que para ser conscientes de lo que tenemos, para la insatisfacción más que para la plenitud. Forma parte del mecanismo ancestral de supervivencia que todos llevamos integrado en nuestra naturaleza humana.

El problema de ello es que son muchos los que no celebran los logros conseguidos y enfocan su energía en lograr más y más, hasta casi lo imposible. Este comportamiento neurótico y disfuncional, se da con más frecuencia en aquellas personas que ocupan la alta dirección de las empresas. Escribí sobre los peligros de esta insatisfacción vital permanente aquí.

Es bueno ser crítico y hacer bien las cosas. Sin duda forma parte de una ética deseable y admirable. Pero es tan o más importante el esforzarse por desarrollar la capacidad de ver el vaso también medio lleno.

Los obsesivos que solo ven el vaso medio vacío generan desmotivación a su alrededor. No son capaces de celebrar los logros y viven en un constante estado de angustia y preocupación que contagian a su alrededor.

Es difícil que estas personas sean una inspiración para nadie. Suelen funcionar de modo reactivo, jugando más a no perder en vez de jugar más a ganar, y terminan por minar la autoestima de los demás, la confianza de las otras personas en sí mismos, en su equipo y en su organización.

Además, en mi experiencia he aprendido que no se puede cambiar este patrón con raciones de psicología positiva, de esforzarse por ver el lado positivo de las cosas. Aprender a ser más positivo, a ver el vaso medio lleno, requiere un proceso personal de introspección que permita entender las causas raíz de ese comportamiento. No es un proceso racional. Tiene un componente psicológico muy fuerte. Es un proceso emocional y hasta visceral. Suele ser necesario conectar con algo que asusta y avergüenza, esforzándose en aceptarlo, integrarlo y superarlo.

Aquí te dejo con estos 3 hábitos para crear un fondo de armario para personas con ganas de mejorar y superarse. ¡Ánimo con ello!

Cuídate, P.