Los daños externos de un EGO desproporcionado

En la entrada anterior empecé una serie sobre los directivos dominados por un EGO desproporcionado y me enfoqué en cómo funcionan en el plano interno. Hoy comparto el impacto externo del comportamiento de estos directivos.

Los líderes con grandes egos no solo impactan negativamente en las personas con las que trabajan. Con su comportamiento también se resiente la productividad de toda la organización. Debido al desinterés de los egoístas en otros puntos de vista, no pueden trabajar constructivamente con aquellos en desacuerdo con ellos.

No pueden aceptar ni aprender del feedback que reciben; y es raro que no lo rechacen y hasta lo repriman si pueden hacerlo. Una visión seriamente distorsionada de la realidad conduce a los egoístas a un exceso de confianza que les dificulta enfrentar de modo eficaz desafíos notables.

Características del comportamiento de directivos con grandes egos

Desafortunadamente, estos directivos con egos enormes causan dolor y sufrimiento en toda la organización. Algunas de las características concretas de su comportamiento son:

  • Solo escuchan lo que quieren oír, siendo ciegos a la verdad. Se rodean de aduladores y personas que siempre les dicen que sí a todo. Los problemas reales no se enfrentan; ni siquiera se debaten.
  • Subestiman los desafíos por falta de análisis riguroso y comprensión. Algunos de estos retos crecen empeorando y se agrupan en problemas mayores.
  • Asumen tareas complejas o abrumadoras con una actitud simplista y superficial, sin mostrar la capacidad para resolverlas, en parte porque no saben y en parte porque subestiman su dificultad o complejidad.
  • No muestran interés por las necesidades de los demás; no se molestan en motivarles, enseñarles o guiarles. Las personas que realmente sacan el trabajo, que resuelven las cosas y que se encargan de los clientes, no son su prioridad.
  • Cuando finalmente esas personas con talento, agotadas y frustradas, dejan sus equipos o sus organizaciones, los desprecian o se victimizan por su comportamiento que suelen tachar de incompetente o desleal.
  • No reflexionan sobre (ni aceptan, por supuesto) sus carencias personales, porque ello amenazaría su necesidad de sentirse superiores. Ni asumen, y menos aún trabajan, sus puntos ciegos, por lo que al final dejan de recibir feedback bien intencionado sobre ellos. El ego los vuelve tan testarudos y hostiles a la crítica que los demás desistirán de intentar ayudarles, aportarles valor.
  • Por su fuerte enfoque en ellos mismos, no suelen ver oportunidades disponibles para otros, para el equipo o para la organización, a no ser que estimen que esas oportunidades acabarán en resultados a mayor gloria de sí mismos.
  • El ego también lleva a estos directivos a apresurarse para llegar al final de las cosas, a mostrarse impacientes. Piensan que la paciencia es para los perdedores, la consideran una debilidad. No se dan cuenta de lo relevante que es la paciencia en un buen líder.

 

No es difícil entender que estos síntomas, tarde o temprano, conducirán a notables problemas que pueden tener consecuencias fatales e irreversibles. El trabajo en equipo y la lealtad de los empleados se resentirá. La creatividad, el compromiso, el aprendizaje y el crecimiento serán seriamente dañados.

Se perderán buenas oportunidades, se cometerán serios errores y las expectativas de los empleados más valiosos se verán comprometidas, cuando no directamente su bienestar y su salud. La rotación aumentará, sin duda. Y además, siempre antes la de los mejores talentos. Aquellos que se queden estarán desmotivados, frustrados, desconectados, resentidos. La fidelización de clientes se verá amenazada y las perspectivas de éxito se desplomarán.

Salir del circulo vicioso del ego

Es difícil salir del círculo vicioso de estar dominado por el ego. Entre otras cosas porque en estos casos casi nadie reconoce ese dominio o el necesitar ayuda. El ego te lleva a crear una historia personal peligrosa y engañosa. Al escribir nuestra historia es fácil caer en la arrogancia y el autoengaño (la forma más fácil y habitual de engaño).

Está demostrado que es muy fácil fundir nuestras fantasías y delirios con retazos de realidad para crear una historia personal creíble pero sesgada, que a base de repetirla adquiere la categoría de recuerdo y bloquea cualquier intento de exploración posterior. Este proceso es la base del adoctrinamiento, tanto de los demás como de uno mismo. Nadie está libre de caer en ello.

Entonces, ¿tienen remedio estos líderes poseídos por el ego? Sí, sin duda, lo tienen. La transformación positiva de una persona es la transformación de su carácter, y esta siempre es posible.

Ahora bien, es cierto también que es un proceso que requiere al menos un mínimo de voluntad clara por parte del directivo, así como el apoyo de un profesional cualificado.

En la próxima entrega sobre el ego, la última, compartiré mi experiencia trabajando con directivos con un fuerte ego y aportaré recomendaciones para su recuperación.

Cuídate, P.

En esta serie, ver también:
El EGO: principal enemigo del buen liderazgo