Ser un buen líder implica ser una buena persona

Hace pocas semanas, en el vuelo de regreso de un viaje de trabajo a China, pude ver la recomendable película VICE (‘El vicio del poder’ se ha titulado en España), de Adam McKay, y con Christian Bale en el papel de Dick Cheney, por el que consiguió su candidatura al Oscar como mejor actor. El título original está muy logrado, pues combina en la palabra inglesa VICE dos significados: el del cargo de Vicepresidente de Cheney en la Administración de George W. Bush; y el de Vicio, para referirse a la biografía profesional del propio Cheney.

Aunque entiendo que el guión y la película son una visión ciertamente sesgada de esa parte de Hollywood que va contra los republicanos en general, y en concreto sobre ese periodo Bush/Cheney, no deja de ser una brillante, implacable y ácida disección de la clase política, de su pestilente trastienda y de su lado más hipócrita, frívolo, depravado e interesado.

Una de las cosas que he aprendido en mi carrera como directivo y como coach de directivos es que las personas egoístas, aquellas que principalmente se gobiernan por su interés personal, suelen ser también personas fáciles de manipular. Es así con independencia de su poder y de su patrimonio. Lo único que tienes que hacer es decirles lo que quieren oír. Haz también que todo lo positivo parezca que ha sido idea suya, gracias a sus iniciativas. Alimenta su vanidad y su percepción distorsionada.

Poder, egoísmo y vanidad: peligrosa mezcla

En personas que tienen un poder notable, el egoísmo suele cursar con cierto delirio paranoide, cayendo también en la suspicacia, cierta manía persecutoria y agresividad. En estos casos, de modo inconsciente, empiezan a promover un tipo de comportamiento que acaba confirmando sus delirios y termina con ellos mismos (pudiendo dejar, eso sí, montones de víctimas hasta que llega ese momento). 

Ya nos advirtió Séneca de que los miedos huecos acaban creando auténticas realidades a las que temer.

Y hablando de Séneca y de egoístas paranoides, también podemos recordar a Nerón. Fue un hombre completamente corrompido por su ego, inmoralidad y paranoia. Llegó a ser emperador, aunque no por muchos años. Siglos después, su nombre ha llegado a nosotros como sinónimo de corrupción, degradación y perversidad. Su biografía sirve de ejemplo de lo que no hay que hacer (como así sucedió al gran Marco Aurelio algunos años después).

Con todo esto quiero argumentar que el ego, la mentira y la paranoia son objetivamente estrategias equivocadas para cualquier líder. Hacen a cualquiera un ser desdichado y desgraciado. Y bloquean el éxito que algunos creen que pueden conseguir empleándolas. Hay que mantenerse bien alejado de estos comportamientos.

Hace un par de semanas una clienta en una conversación informal me desafió con el argumento de que Trump era una persona de éxito. Ciertamente lo podemos considerar así si nos atenemos a su fortuna estimada (más de 3.000 millones de dólares según Forbes) o al cargo profesional que ocupa en la actualidad.

Sin embargo, tras ver VICE empecé a pensar también en cómo debe estar rodeado de un equipo de víboras que realmente no le respetan, que se ríen de él a sus espaldas, que se apuñalan unos a otros en cuanto pueden. Sus temores y denuncias de ser víctima de una ‘caza de brujas’ creo que solo sirven para promover más investigaciones sobre él y su entorno.

Su ego le hace ser manipulable por intereses ajenos al bienestar de la mayoría. ¿Cuánto durará como presidente? No lo sé ni me inquieta demasiado, la verdad. Pero creo que cada día que pasa la situación debe ser menos agradable e interesante para él. Intuyo que su motivación para seguir en el poder proviene más de su necesidad psicológica (y adictiva) de mostrarse poderoso que de su voluntad o motivación de servir.

Estos vicios no son particulares de emperadores romanos o de altos cargos de gobiernos republicanos en Estados Unidos. Afectan también a políticos de cualquier nacionalidad y color, a directivos de cualquier empresa y a cualquier persona tentada por las mieles del poder, aunque sea solo porque ha sido nombrado presidente de su comunidad de vecinos.

Nadie es inmune a la tentación del ego

Todos tenemos la tentación de caer en esos vicios si nos relajamos en la observación y análisis de nuestro comportamiento. Si ves la película VICE y además de pensar en cuánta gentuza hay y qué nivel de degradación se da en esos que son diferentes a ti, también eres capaz de comprender que puede estar hablando de tu propia posible degradación moral, entonces creo que estás en el buen camino.

Debemos persistir en cultivar hábitos de honestidad, equidad y benevolencia en nuestro comportamiento. Hay que estar siempre en guardia activa contra nuestro ego. Hay claves claras para no caer en la tentación del ego. Servir a los demás y cooperar con ellos es uno de los mejores modos de evitar sucumbir a nuestro interés personal, en el egoísmo paranoide.

Ser un buen líder implica también ser una buena persona. Siempre.

Cuídate, P.

P.D. Cualquier parecido del contenido de esta entrada con la realidad política actual o con la de tu empresa, no es casualidad; es simplemente naturaleza humana 😉